Todo cae por su propio peso, o así supuse siempre que sería, más las heridas aún siguen abiertas, mientras el sudor y el placer intentan suturarlos, quien sabe si sea por despecho. Y al final del día con el acto ya consumado y el aliento seco vuelve a caer la sangre, esa misma que recorria con fuerza mis venas mientras te deseaba, o mientras improvisabamos algun jueguito para distraer nuestros pensamientos, excitados con las ganas de convertir ese placer en un rico cariño o en un te quiero.
Y lo niego... que absurdo!!!, más sin embargo aún no lo logro hacer notar. Debe ser esa cosa que me a dado por hacer ultimamente, esa que no me honra ni me enorgullese, al fin y al cabo todos somos humanos, y las tentaciones se encuentran en cada esquina, aunque de esos deslices de pasión muchas veces brotan tormentos, tormentos de desesperación.
Los pasos acumulan kilómetros buscando sombra a través del recorrido, mientras el necio vaga decidido para olvidarse de ese coraje vacilante, ese que tuvo de frente tantas veces. Que el chasquido ruidoso de la lluvia componga una melodia al caer sobre tus hombros, para que esas palabras que te ahogan crezcan aún más en tu garganta, ya no me agrada ser tu cómplice. Mira! esto se llama boca... ¿Tú sabes para qué sirve la boca?
lunes, 29 de marzo de 2010
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